¡Ah, mi cuerpo es hermoso!

Por Kate

Querida Kate:

Desearía estar allí, sentada justo afuera de la puerta del baño cuando sales para regresar al estudio de danza. Me encantaría decirte que yo sé que has estado vomitando para perder peso, pero que te quiero y que no pienso nada malo de ti. Te diría que yo comprendo que es difícil estar rodeada todo el día de revistas con fotos de modelos y actrices delgadas, y de los espejos del estudio de danza toda la noche.

Pero también te diría que yo pienso que eres hermosa. Anoche estuve mirando fotografías tuyas de aquella época, hace 35 años, y eras tan linda. Tú pensabas que nunca eras lo suficientemente buena. Pero, yo te diría que no sólo eras lo suficientemente buena, eras perfecta… tú eras tú. Y eso era siempre suficiente.

Sin embargo, al mirar esas fotografías pude ver el temor en tus ojos. Temor al rechazo, al fracaso, a que te echaran, y recordé cuántas veces mirabas el espejo cada día tratando de validar tu importancia en ese mundo altamente competitivo de la danza, para ser amada, para que pensaran que eras hermosa… para que te desearan.

Kate, ahora sé que tú (yo) estaba mirando en el lugar equivocado para ver si era hermosa o tenía mérito. Estaba mirando en un espejo en lugar de ver en mi corazón. Lo gracioso es que no miraba a los demás con la misma lente. Mis amigos eran personas en las que yo confiaba porque eran honestos, que buscaba porque eran alegres y afectuosos, y con los que  compartía mi tiempo libre porque tenían el sincero deseo de hacer del mundo un lugar mejor. Me pregunto por qué no me daba cuenta de que esas eran las mismas razones por las que mis amigos querían compartir su tiempo y sus talentos conmigo.

Olvidé mirarme a mí misma de la misma manera que veía a mis amigos.

Quiero que empieces a apartarte de ese amigo inestable, el espejo. Que empieces a aceptar el hecho de que mereces ser amada por tu corazón, y no por tu cintura de 48 cm, o por cómo te ves con tu leotardo, o por tu habilidad para ejecutar un paso difícil de ballet desde la primera posición. Tú mereces ser amada por la persona más importante de tu vida… ¡tú! Y tú mereces ese amor, simplemente porque Dios te ama, y Él sabe juzgar muy bien el carácter y la belleza.

Ya no tienes que vomitar ni pasar hambre. Puedes confiar en que Dios gobierna tus deseos con sabiduría, motivándote a moverte de forma en que uses con eficiencia el combustible, la comida, que te han dado. Deja que Dios forme el cuerpo de tus movimientos, el cuerpo de tu función correcta, el instrumento con el cual ejercitas tu derecho a realizar buenas obras… tanto como confías en que Él forma y protege el cuerpo de tus afectos, pensamientos, creatividad, carácter y compasión.

Eliminar el bien no es la manera de volverte más hermosa. Usar ese bien para dar al cuerpo el combustible de las obras de tu vida te hará la criatura más preciosa de la tierra. Yo te quiero y pienso que eres hermosa, tanto por dentro como por fuera.