La oración como generadora de bienestar físico y emocional

El cultivo de nuestro espíritu, es una buena referencia para definir a la espiritualidad, relacionándola con la conexión que podemos tener con la naturaleza espiritual de Dios y el hombre.

Según la Ciencia Cristiana, las bases del cristianismo, fundamentándolas con las enseñanzas de Jesús, constituyen una plataforma segura para alcanzar una mejor calidad de vida, bienestar y salud.

Si bien el cristianismo es una enseñanza práctica de cómo alcanzar la espiritualidad, es oportuno destacar que no se trata de una propuesta exclusivamente religiosa, sino más bien contar con herramientas que nos conduzcan a un cambio radical de pensamiento.
En mi propia experiencia lo he comprobado en un momento en que me encontraba sumida en una profunda depresión.

No había ningún horizonte prometedor en mi vida y si bien contaba con un buen empleo y preparación intelectual, no ofrecían ninguna ayuda para salir del encierro, la rutina, la falta de inspiración y alegría que interiormente reclamaba.

Fue así que contando con las herramientas que me brindaba el cristianismo, comencé por mi misma: descubrí que al comenzar cada día, no estaba habituada a poner la oración en funcionamiento, y orar significaba estar conectada con Dios, escucharlo humildemente, sentir su presencia y poder en el corazón.

La primera idea que surgió fue comenzar a ordenarme por dentro y por fuera también. Y comencé con el orden y la renovación de mis espacios. Vivía con mis padres, y también esto significó poner más atención en el trato con ellos.

Me di cuenta que diariamente ignoraba a mi familia, ni siquiera me interesaba por sus cosas ni por sus proyectos. Tampoco por ver si había alguna necesidad a la que yo pudiera responder efectiva y afectivamente.

Entonces, mi vida comenzó a dar un giro de 180 grados. La oración logró el cambio esperado. Ese orden y renovación que comencé a establecer en mis cosas, en mi entorno y en mi forma de pensar, se transformó en buenas oportunidades. Nuevas propuestas de trabajo, nuevas amistades, y hasta un viaje en donde conocí al que hoy después de 32 años de casada, es mi esposo.

A eso llamamos espiritualidad, y a estos cambios de pensamiento lo llamamos conexión con lo divino, para alcanzar la salud física y mental. Estos cambios, no solo nos hacen comprobar que logramos recuperar la salud sino también haber logrado una transformación de nuestra conciencia, mejorar el carácter, relacionarnos mejor con los demás y lograr paz y armonía en nuestra experiencia. La espiritualidad impacta en la salud, convirtiéndose en una poderosa fuente de fortaleza, de vida plena y saludable.

Hay estudios recientes en donde se ha comprobado que el cambio mental es esencial para resolver desde “adentro”, los inconvenientes que pueden existir “afuera”. Y ese cambio “desde adentro”, es posible demostrarlo mediante el desarrollo espiritual, afectivo, mental y emocional.

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